domingo, 24 de abril de 2011

Mirame.

Me mira. No me mira, me penetra. Es como si fuéramos uno solo, un solo pensamiento, una sola cosa. Con esos ojos se introduce en mí, bucea en mis recuerdos, escarba en mis pensamientos. No tengo secretos para él, no quiero tenerlos. Me siento desnuda ante él, con todos mis sentimientos al descubierto.
Me llega su olor, su gusto, su tacto. Pero él solo me mira. Me mira a mí y eso me hace sentir única, sentirme especial. Rebusca hasta el más sutil rincón de mi ser, hasta la más olvidada de mis memorias
Me pone los nervios a flor de piel, me estremece, me hace vibrar...
Y de repente deja de mirarme, y se va el calor y la fragancia. Me siento fría, sola, vulnerable, sin su mirada. Y solo deseo una cosa.
Que me mire. Que me mire de nuevo. Que me mire siempre, que sus lazos lleguen a mi, que me aprisionen. No escaparé. No mientras me mire.


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