domingo, 20 de octubre de 2013

Bye bye, little Italy.

Cuando recibí mi matrícula modificada supe que aquello significaba el final. Desde que había vuelto a España en agosto me había sentido rara, con un pie aquí y otro allí, con la extraña sensación de que tenía que volver, que solo había venido para hacer una visita y volver a marcharme. Preparé mis exámenes, los realicé, los aprobé y me matriculé por fin en cuarto de carrera. Pero fue al recibir ese papel cuando me di cuenta de que la experiencia en Italia se había terminado. Al irme había dejado a un lado la universidad, pero ahora que había alcanzado a mis compañeros, que había puesto la cuenta a cero, se había vuelto más real.
Habían sido seis meses, seis meses y tres días de los que estoy hablando a cada momento y saco en cada conversación, a pesar de que en mi mente hay una vocecita insistente que me recuerda que estoy siendo pesada. Mis frases comienzan a menudo con "En Italia..." "En Bolzano..." "En Reusch...". Supongo que tengo que seguir adelante, interiorizar las experiencias que he ido acumulando y seguir. No voy a decir que me he quedado estancada, pero reconozco que a menudo se me hace raro pensar en estos seis meses.
Siento que puse mi vida en pausa, dejándolo todo (aunque en realidad no sea cierto) y yéndome a aquel lugar. Y de repente ¡pluf! se acabó el break, se acabó el sueño, vuelta a la vida anterior, justo donde la había dejado, lista para continuar como si nada hubiera pasado. 
Pero pasaron muchas cosas. Cosas que supongo esperaba y otras que nunca hubiera imaginado, que me hicieron comprender cómo soy realmente, cómo reacciono ante las experiencias que alguna vez había imaginado pero a las que nunca me había enfrentado. Así que sí, supongo que es cierto eso de que tienes que irte para encontrarte. A pesar de sonar a axioma trillado de libro de autoayuda, tengo que reconocer humildemente que es totalmente cierto. 
Pero no quiero recrearme en estos seis meses, en lo que fue o en lo que pudo haber  sido. Debo reflexionar, sacar lo mejor de esta experiencia que se me ha brindado y utilizarlo para seguir adelante con mi vida de la mejor forma posible. 
Lo mejor, como siempre, aún está por llegar. 


viernes, 25 de enero de 2013

Punto y aparte

"Sabes, yo soy uno de esos seres que se desarrollan lentamente. Me pregunto si no me voy a despertar demasiado tarde, si no voy a dejar pasar mi oportunidad y, al mismo tiempo, no sé qué puede ser esa oportunidad que deseo con todas mis fuerzas..."

A veces me pregunto que estamos haciendo con nuestras vidas. Nos sentamos a esperar que algo, no sé, se nos caiga en la cabeza de repente y nos descubra el mundo de una manera que no habríamos imaginado. Pero lo único que consigues así es que un buen día se te haya pasado la vida sin nada más interesante que llevarte a la tumba que el día que te graduaste si tuviste suerte y años de vida mediocre.
Bueno, he decidido que eso no va a pasar conmigo.
La vida te coge, te agita y te sacude. Y a menudo pretendemos aferrarnos a algo, a lo que sea, para movernos lo menos posible. Pero hay que dejarse ir, dejarse llevar por las oportunidades.
Siempre pensé que esas citas que hablan de que hay que salir a buscar las oportunidades, los trenes que pasan cosas similares no eran más que mamarrachadas. Pero un buen día te das cuenta y ¡joder! las cosas no caen de los árboles. O te levantas o se escapan, y ahí te quedas tú ya con la cara de pasmado toda la vida.
Yo he nacido para vivir, para disfrutar de la vida. Para vivirla intensamente, para enzarzarme con ella en una lucha encarnizada de sangre y sudor y salir triunfante. 
Que ya he perdido 20 años haciendo el tonto. Llegaré más lejos, subiré más alto y golpearé más fuerte. Es una promesa.
Esto es un punto y aparte. 


lunes, 21 de enero de 2013

Bolzano

Mi vida se ha convertido en una cuenta atrás frenética. 
Y no se trata de un countdown desquiciado y sin rumbo, al contrario. Todas las superficies de mi vida se inclinan para hacerme caer sobre el 15 de Febrero. 
Es ese día cuando, con toda probabilidad, cogeré mi primer avión en solitario para irme a Italia a trabajar. 
La noticia llegó de repente, en medio de una situación corriente. Me había cogido para trabajar en Reusch durante seis meses.
Y de repente, todo cambió, como una explosión que no me arrastra, sino que me rodea y lo mueve todo a mi alrededor. De repente todo lo que en algún momento fue remotamente posible se vuelve real, tan real que resulta casi doloroso.
Y el tiempo pasa lento y rápido a la vez, por lo que quiero y no quiero que llegue. 
¿Miedo? Auténtico pavor. Todo se ha vuelto demasiado grande: elegir que llevarme o coger un avión sola, pero también esas cosas insignificantes que llevo años haciendo y que ahora se levantan amenazantes. ¿Hablar inglés? ¿Vivir lejos de casa? ¿Aprender alemán, italiano? ¿Comprar, cocinar?
Pero hay que ser valientes. Porque es ahora o nunca.
"Nadie nunca sufrió cuando fue en busca de sus sueños"

jueves, 3 de enero de 2013

2012

2012 se fue. Para no volver, como quien dice. Si algo tenemos seguro, al menos de momento, es el tiempo pasado puede ser mejor o peor, pero desde luego, no vuelve. 
2012 fue un año como otro cualquiera, con un día más y algún disgusto de menos, me gusta pensar. Fue el año en el que me dieron un Erasmus de diez meses en Holanda que rechacé por motivos que aún no tengo muy claro. Bueno, sí los tengo claros, pero no me gusta reconocer que hubo demasiados sentimientos metidos en esa decisión.
Fue el año con el cuatrimestre más  duro de la carrera, hasta el momento, con tardes eternos e idas y venidas de tuppers de casa a la universidad y de la universidad a casa. El año que, gracias a mi ritmo de vida, acabé aborreciendo las albóndigas, pero tuve quien me hizo fácil el trabajo.  

Fue el año de los Juegos Olímpicos, que en mi casa se viven con más ilusión que en la propia Villa. Fue el año que cumplí dos décadas de vida y la primera en la que tuve una fiesta y una tarta y amigos que de verdad merecían la pena para compartirla. 
Fue mi último año de educando como scout. El año que renové mi promesa, el año que me convertí en scouter, en Viejo Lobo y en Akela, todo en uno, cuando llevaba tres años con aspiraciones de Raksha - y aún se me queda grande ser 'jefa' de esta Manada tan increíble que tengo. 


Fue el año de mi cuarto aniversario con la persona más maravillosa que hay en el mundo. El año en el que casi lo perdimos todo y el año en el que fuimos más felices. Al menos, lo fue para mí. A él le debo muchas cosas, el valor, el escultismo, la felicidad, la confianza, y otras tantas que aún necesito muchos años para devolvérselo todo. 
2012 fue el año en el que terminé por fin el libro que durante tanto tiempo he estado escribiendo, releyendo, corrigiendo y casi suicidándome los días de sequía creativa. El año que decidí por fin enseñárselo por completo a alguien, aunque sintiendo aún más vergüenza que orgullo.
Fue el año donde la familia adquirió un valor aún más especial sin que las desgracias tuvieran nada que ver. En el que los primos se convirtieron en amigos y envidia de familias que solo se hablan en Navidad. 

El año en el que me mudé a un piso con dos chicas maravillosas que convirtieron este rincón en un hogar dónde no extrañar nada y sentirte en familia. 

El año en el que, contra todo pronóstico, la relación con mis compañeros de la Residencia no desapareció, sino que se mantuvo y se hizo más fuerte. 
Y parece que eso fue todo, pero no fue nada. Supongo que es imposible sintetizar un año entero sin pecar de frivolidad. Pero bueno, lo hemos intentado.
¡Feliz 2013!